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G O R D A I L U A

 

 
 

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Aurreko artikulua— Gernika. 14. zkia (1951-urtarrila/martxoa) —Hurrengo artikulua




 

 

Una carta en euskera de Julián Gayarre

 

Isidoro de Fagoaga

 

Entre las ambiciones que han aguijoneao mi vida, una de las más tenaces y que, puede decirse, arranca de mi adolescencia, ha sido la e consagrarme un día al estudio del arte y la vida de una de las figuras más insignes de nuestra tierra: Julián Gayarre.

        Como todos los que han descollado en cualquier de los aspectos de la actividad humana, el cantor navarro —grande entre los grandes de todos los tiempos— ha sido objeto de parte de propios y extraños de una literatura profusa y amenudo confusa. Artículos conmemorativos, críticas contemporáneas y póstumas, semnblanzas, anécdotas verosímiles y apócrifas, comedias musicales, memorias, biografías novelescas y, para haber de todo, incluso alguna película con su inevitable y romántico enredo amoroso, aparte de otros enredos y gatuperios.1

        De todo este fárrago de escritos —muchos de ellos perpetrados con inconsciente premeditación— la figura del gran artista emerge limpia y serena como segura de juicio definitivo de la historia.

        Si exceptuamos las Memorias de Julio Enciso, que ofrecen un rico caudal de datos profesionales y cronológicos —más que los asiados elemetos psicológicos, malogrados en buena parte por el desatentado auto de fe que redujo a cenizas ochocientas cartas del llorado artista—, los otros trabajos mencionados carecen de un real valor histórico. Y nada se hubiera perdido si no se hubieran escrito. La vida austera y gloriosa de Gayarre no necesita de aditamentos y perifollos para ocupar, en la historia del arte, su justo valor. Es una de las pocas figuras que, a medida que nos acercamos a ella, se agiganta y gana en riqueza moral y artística.

        Durante veinte largos años, con una constancia hecha de curiosidad y de amor, he seguido su estela a través de los teatros de Europa y América, he compulsado archivos y registros de agencias, he interrogado a los supervivientes: artistas, directores, críticos o simples empleados de escena. Todos con una rara unanimidad, incluso la ilustre Gemma Bellincioni, esposa del no menos ilustre tenor Roberto Stagno, me han declarado que la voz y el corazón de Gayarre eran únicos.

        Estas empeñosas búsquedas, colmando varios cartapacios, parecían darme le señal de que la cosecha era suficiente y había llegado la hora de acometer la obra de mis anhelos.

        No era así, sin embargo. Conocía por menudo la vida familiar, la carrera artística, el liberalismo y liberalidad de mi futuro protagonista. También sabía de su navarrismo, que era, por premonitorio sentimiento, el vasquismo que su alma generosa inconscientemente buscaba. Más, no obstante las declaraciones de su sobrino, el senador por Navarra mi malogrado amigo Don Valentín Gayarre y Arregui, de que su tío " no hablaba bien el vascuence, pero lo entendía perfectamente", me faltaba la prueba concluyente de ello.

        Mi reciente visita a Roncal, me ha proporcionado esta prueba. He buceado despaciosamente en la biblioteca familiar; he ojeado todas las partituras musicales y, con una tiranía que sólo la nobleza del fin excusa, he hecho que los bonísimos de sus descendientes revolvieran hasta el último rincón de sus arcas y armarios. Y el tesoro, como lo presentía, se ha ofrecido, hermoso, ante mis ojos. Más de sesenta cartas autógrafas escritas a lo largo del tiempo y de las más diversas latitudes, y, dulcis in fundo, otra carta —la perla negra entre las blancas— escrita desde el encabezamiento al pie en vascuence.2

        Hela aquí en su texto exacto e integral:

 

Barcelona 19 Diciembre 1884

        Ene tia Juana maitia

        Eugenia sin da (etorri da) arro ongui. Quemen gaude anisco ongui guciac eta ori (berori) nola dago?

        Nain din (nai du) sin (rin, jin, etorri) cona (onera) ichasoaren ecustra? Anisco andia da, tia Juana.

        Nai badu nie dud anisco deiru orentaco vidagearen pagateco quemengo ostatiaren pagataco. Eztu eguiten quemen ozic batrere, chatendegu quemen anisco ongui eta güero artan (artean, bertan) dugu iror nescache postretaco eta gazte eta pollit.

        Ha! cer vizia! tia Juana maitia, amar urte chiquiago bagunu...

        Gorainzi guzientaco eta piyco bat nescachi pollit erroncarico guziat.

JULIAN

 

        Desde luego, no es un euskera de candidato al Euskal-zaindi. ¡Que no se solivianten los Aristarcos de oficio y nos vengan con su manida palinodia!

        Si tenemos en cuanto las variantes roncalesas como la que anticipada al adverbio emen y la c a ona, así como la ortografia de influencia española y la puntuación, casi nula, la interpretación del texto no ofrece dificultades. Falta la nt de arront de uso corriente en el Bidasoa; escribe artan en lugar de artean o bertan; batrere por batere; iror por iru y algunas minuciosas más. Emplea para con su tía la forma respetuosa: Ori (berori) nola dago?o Nai badu, es decir, como el tratamiento de Usted o Vuesamerced en castellano. El piyco es mucho más discreto y galante que el pellizco con el que nuestro pícaro autor no quiso confundirlo.

        Esta carta, aparte su donosa ternura, confirma la observación de Don Valentín Gayarre que su tío no hablaba bien el vascuence, pero lo entendía perfectamente. En efecto; tampoco lo escribía bien, mas —y esto es lo que cuenta— se esforzaba por escribirlo, en lugar de pretender que su tía hicira el esfuerzo contrario, expresandose en castellano.3

        ¡Ah, si en nuestro días, aparte la voz, hubiera muchos Gayarres que hicieran otro tantopara bien del euskera!

 

        (1) Lamento que el inspirador e intérprete principal de esta pelicula sea un íntimo amigo mío, Pepe Romeu, uno de los más delicados y sensibles artistas de la actual generación española. Mas cuando —como es este caso— de defender los fueros del arte se trata, yo soy más amigo de la verdad que de Platón.

        (2) Esta carta, entre otras reliquias, se halla en poder de Doña María Garjón, sobrina del gran roncalés y nieta, juntamente con su hermano Antonio, de la mimada tía Juana. Eugenio, a quien hace referencia la misiva, era primo de Gayarre y padre de los ya citados María y Antonio. Este último es el feliz posesor de las sesenta cartas a que antes aludí quien, ademas de leermelas todas, ha tenido la amabilidad de regalarme una de ellas. Vaya a ambos hermanos desdes estas columnas, así como a mi distinguido amigo Don Fernando Herrero Gayarre, descendiente del artista y que tuvo la bondad de abrirme los archivos de su casa roncalesa, la expresión de mi sentido reconocimiento.

        (3) El amor por su tierra y su lengua lo manifesto Gayarre en cuantas ocasiones propicias se le presentaban. A veces, contra los que afirman que el euskera no sirve para nada útil, el artista," en tanto que ensayaba en el teatro Real de Madrid, se dirigía a sus parientes que se hallaban escuchando en el patio de butacas y desde la escena les comunicaba en vascuence el juicio que le merecían los demás cantantes de la ópera que se ensayaba. "(Carta de Don Valentín Gayarre a Don Mariano Martín Fernandez, del 31 de octubre de 1921.) Otras veces, como en las noches más triunfales de su luminosa carrera, y, en particular modo, en las funciones en su honoro despedida, "mandaba sacar un piano a la escena y, entre muestras de cariño y los aplausos de todos, cantaba el célebre zortziko de Iparraguirre, convertido en himno del país vascongado, Gernikako Arbola". (Crónica del diario Iberia, de Madrid, 1º de marzo de 1886.)

 



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