L I T E R A T U R   A L D I Z K A R I E N
G O R D A I L U A

 

 
 

                   - Orrialde nagusira itzuli
                   - Pott aldizkaria
                   - Ale honen aurkibidea

                   - Ale honi buruzkoak (azalaren irudia eta fitxa)

Aurreko artikulua— Pott tropikala (1980-ekaina) —Hurrengo artikulua




 

 

—Corazón caliente, cabeza silvestre—

 

Selección de textos a cargo de Pott Vicious

 

Desde America, un sacerdote de Abarzuza

 

        Hola, amigos de Abárzuza, saludos de un compueblano vuestro. Llevo de Sacerdote 54 años, y salí de allí hace 67 años.

        El padre Javier Ros, de Abárzuza, de los que caen pocos en libra, el cogollito, honra y prez de nuestro Pueblo, pebetero perfumado del Sacerdocio, lucero preclaro de los Capuchinos de Rocamador, en una bella carta que hace poco me enviara, me invitaba a escribir unas líneas en el Boletín Informativo que cada año edita y envía a todos los Dobleros esparcidos por todas las latitudes. Es muy grato aceptar tal invitación, y voy a conversar con mi gente de un modo sencillo y con el corazón en la mano, aunque con un poco miedo, por desconocer vuestro estilo y maneras. Voy pues, a presentarme y permitid mi identificación. Mi niñez la pasé alrededor de la Peña China, del camino Eraul, de la Citurria, de Casa Valero, Casa Moracia. Mi padre Domingo Velasco, el Zapatero, hombre trabajador, honesto, muy virtuoso y callado y amigo de la Parroquia. Era amigo de los Carrión, los Munárriz, los Aguinaga, el Cerero, D. José María y Dña. Nicolasa, con quienes emparentó, al casarse su hijo mayor con Dña. Antera, Azanza (Q.E.P.D.)... Todas las familias lo querían. Un día, en un pasapalomas, pescó una pulmonía y el 19 Nov. 1909 Dios se lo llevaba a su reino, al banquete eterno a sus 52 años. Mi Santa Madre, Dña. María Santos Vergara la Zapatera, aunque hija del Doctor Manuel Vergara, de Lerín, era la mujer humilde y hacendosa Bíblica, mujer amante de la misa diaria, del Smo. Sacramento, del Sdo. Corazón y la Virgen del Puy. Era conocida de todos por su atuendo que vestía. Una falda negra hasta el empeine del pie. Y para el templo, una mantilla desde su cabeza a los pies, semejando una matrona romana. Todo Abárzuza, y más tarde todo Logroño la conocía por su vida religiosa en sus 34 años de viudez. Murió de un modo apacible y predestinado.

        El Señor se la llevó a su encuentro con El y su esposo a su Reino.

        Tres cosas aún recuerdo vivamente de mi niñez. Las Fiestas Patronales, 15 agosto, la Romería a Sta. Bárbara, la Tejería, Pateón Concha hasta el pico del monte. Y la Romería a la Virgen del Puy. Cómo cantábamos, y cómo comíamos golosinas y cóes, oíamos la Misa... Qué Curas tan gigantes e inmortales tenía y tiene Abárzuza.

        A mis 10 años, Dios quiso llamarme al sacerdocio con Bernarodino, Licinio, Sanmartín el Cucharero, etc, etc... El Seminario era sumamente pobre, falto de toda vía de comunicación, luz, agua, sanitarios, comida escasa y pobre, pero éramos unos mocetes sanos de cuerpo y alma, nunca hubo quejas, huelgas, rebeliones, jamás se conoció algo feo o inmoral a los ojos de Dios. Nuestro único deseo era, ser buenos, estudiar y divertirse cuanto uno podía en los pocos ratos de juego.

        Han pasado 67 años. Todos los jueves me llega el A.B.C. Aéreo de Madrid. Lo primero hundo mi vista en sus brillantes páginas, algo que diga de Navarra, de Estella, de Abárzuza, porque sin Abárzuza no existe Estella, ya que es imposible concebir Estella sin una Virgen del Puy, que se le aparece a un humilde carbonerito de Abárzuza. El resto, nos lo refiere la historia. Amigos de Abárzuza, os invito a que sigais siendo devotos del Puy, celebrado cada año con renovado fervor su Romería, que la Madre de Dios es el canal que reparte sus favores a sus devotos y el que la ama, ha de ir a su Palacio. Quién sino esta Bondadosa Madre, Madre y Maestra de la Iglesia sembró la vocación religiosa en tantos de Abárzuza?.

        Juventud de Abárzuza, mi Pueblo ¡Aúpate sobre ti misma. Cuántas esperanzas pone en ti el mundo entero!. ¡Cuántas energías circulan por tus calientes venas!. ¡Cómo te necesita Navarra, España, el mismo Cristo!. Pronto el mundo total descansará sobre ti en lo político, social, económico y cultural.

        Dicen que la juventud de hoy es loca y sin freno. Nada de eso. Esta busca la sinceridad, la honestidad, la recta libertad; ella como vino bueno, busca odres y moldes nuevos, quiere romper aquellas antiguallas, y hacer discurrir su dinamismo y euforia por cauces de superación. Todos amamos la juventud, todos por cauces de superación. Todos amamos la juventud; todos babeamos cuando nos mezclamos con ella. Hasta el mismo Cristo, verdadero Hijo de Dios, amaba la juventud. Nos lo dice el Evangelio. Una vez, un joven, se le acerca y le pregunta: Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?. Nos dice el Evangelista: "El Maestro le miró y lo amó". Juventud de Abárzuza, sois los retoños frescos y lozanos del olivo. Os invito a miraros en un espejo navarro, Francisco Javier, hijo de la Marquesa de Ulloa. Era alto, hermoso, atractivo, sugestivo, lleno de simpatías, que hacía suspirar a las chicas. Deja el Castillo de Javier, vuela a París, y éste se le rinde y llega a morderle el corazón. Pero este navarrico, el más grande del mundo, se encuentra con el rubio guipuzcoano, Ignacio Loyola. Pronto este gentil hombre queda atrapado por la sugestión de Javier. Loyola que ya había dejado los amores de la archiduquesa de Austria, y estaba totalmente en las manos de Cristo, le flecha esta pregunta: Javier, ¿qué piensas ser, qué anhelas? La respuesta le salta del corazón: honras, dinero, amores... hogar... y después, después... la gracia derrumba aquel gigante, toma la sotana jesuita, marcha a India, Japón, y ya en las puertas de China, después de haber bautizado más de 18 millones, comido de la fiebre a sus 51 años... expira diciendo "Jesús, qué dulce eres... Oh Sta. Trinidad Juventud de Abárzuza, tú llevas por tus venas la misma sangre, el mismo genio indómito de Javier. Imita a este gigante, abatido por la dulce gracia de Dios. Ama a tu pueblo, ama a Navarra, que es el vaticano de España, ama a España, la imortal, cuna de una pléyade de gigantes y genios que sólo germinan en nuestro suelo".

        Por un Boletín que me enviara el amado hijo de Abárzuza, P. Javier, veo que ya el Pueblo, hace tiempo, goza de preciosas calles lisas, limpias, con cemento. Mucha gratitud para el Honorable Sr. Alcalde y se merece las bendiciones de Dios por servir tan entregadamente a su Pueblo. Veo también, por una foto del Diario de Navarra habeis levantado una piscina olímpica. Estupendo, maravilloso, que tengaís este deporte tan novedoso, tan grácil y saludable. Mente sana en cuerpo sano. Gozad, zambullíos, haced cabriolas, ejercitar vuestra musculatura.

        Ojalá sea así. No vayais a considerar la piscina como un medio o manera de enseñar lo que sería totalmente imposible fuera de ella. Con vuestra Piscina, me viene a la mente, la piscina del Evangelio llamada la Probática, alrededor de la cual yacía un montón de enfermos de toda clase y el ángel de Dios bajaba de rato en rato y remeneaba el agua y el primer enfermo que se zambullía quedaba sano al instante. Yo os diré, a la inversa, vosotros ya estaís sanos, no os duele ni la uñita del dedo. Pero ojo, mucho ojo. No os enfermeís allí, no recibais alguna herida, que la bestezuela, de la sensualidad, no se vaya a desperezar y os dé un zarpazo, de esos, que ella inflije al alma. Dios quiere que salgais de la piscina alegres, contentos, tranquilos, listos para comulgar al día siguiente. Hace un tiempo leí en un magazine, que la mitad de los adulterios, hijos prematrimoniales, divorcios, etc, etc... se fraguan en las playas y piscinas. ¿Quién lo dudará? Cómo podrá, un Javier, por casto que sea, no claudicar ante las carnes desnudas de una adolescente?.

        Vamos a concluir mi charla con la gente de mi Pueblo. He dicho poco antes que Navarra es el Vaticano de España. Como no tuvisteis la desdicha de presenciar al Alzamiento Nacional, aquí va la explicación. Estas palabras fueron dichas por el Premier de la República, Manuel Azaña, educado en el Escorial. Dijo este Premier: "Debemos acabar con la Iglesia Católica en España, pero para esto, debemos acabar con el Vaticano de España, Navarra". Jóvenes de mi pueblo: Si un día os llama Cristo y os susurra al oído "Sígueme", no dudeís un momento. Haced lo que hizo el rubio adolescente. Juan, el hijo del Trueno, y el tostado y de pelo hirsuto, Pedro el Pescador. Le siguieron. Y si esto llegara a realizarse, en vuestras vidas y os dedicais al sacerdocio, no pongáis cara triste por el celibato. Si no puedes el celibato y deseas casarte y formar un hogar, magnífico. Cásate. Pero si sigues adelante en el Sacerdocio... jamás se te ocurra ser sacerdote y casado. Esto es sencillamente inadmisible. El Celibato es el cinturón de una hermosa túnica. Sin el cinturón se empolva y enloca la túnica. El cinturón evita esto. Voy a concluir. Me despido hasta el día de la Romería, a principios de Junio. Recordad que nadie que vaya a esta Romería, que nadie, cante o rece a la Madre de Dios, nadie que lleva una medalla o escapulario o llore ante una estampa... ha de ir al infierno, ha de morir en pecado, pues esta Madre dulce, ungirá nuestros ojos moribundos con sus dedos viginales. Os pido vuestra excusa si he herido vuestra sensibilidad. Viva el Honorable Sr. Alcalce de Abárzuza, Viva el Rdo. Cura Párroco, Viva el P. Javier, Viva Navarra, Viva España, viva el mejor Papa de los 264, Juan Pablo II.

 

 

Conversación con Jon Ander, Xabier, Pello Mari y Mikel
sobre el Alderdi Eguna

 

        ¿Sabíais vosotros lo que se iba a celebrar en el Alberdi Eguna?

        Jon Ander.— Si. El día del Partido Nacionalista Vasco.

        ¿Sabeís vosotros lo que es un Partido Político?

        Xabier.— Bueno, es algo así como mucha gente pensando en cosas parecidas, creyendo toda la gente que... bueno, que Euzkadi es nuestra.

        Pello.— Yo creo que es como estar entre amigos, y así estuvimos, aunque había mucha gente y casi no se reconocía a nadie. Como uno es pequeño se cansa de estar siempre mirando hacia arriba y viendo caras y caras y caras de gente que no se conoce.

        ¿Que os gustó más del Alderdi Eguna?

        Mikel.— A mi me gustó todo. Pero más, llevar la pancarta del desfile que hicimos aunque me pesaba mucho.

        Jon Ander.— Creo que a la tarde lo pasamos mejor, cuando nos pusieron las pegatinas de Organización y te acompañamos de entrevistas. Hacíamos algo útil.

        Pello Mari.— A mi me gustó más la música, los txistus, los bailes... esa música todo el tiempo era muy divertida, y daba ganas de bailar y luego ¡tantas ikurriñas!

        Xabier.— A mi me gustó la tarde, cuando estábamos recogiendo las cosas y venía la gente y saludaba y ya empezábamos a ver muchas caras conocidas. Y también me gustó ir de entrevistas a ver qué cosa decía la gente. Yo creo que todos decían que estaban contentos. ¿Verdad?

        ¿Creéis que podíais haber ayudado en algo más?

        Jon Anden.— Si. En vender pegatinas del Alderdi o en los bares.

        Pello Mari.— Yo pasé envidia de los niños que bailaban en el escenario. Y de los otros que desfilaron por la campa detrás de los txistularis. Eso me gustó mucho a mí.

        Mikel.— A mi me gustó todo. Fue muy divertido.

        Xabier.— Bueno, hicimos lo que nos mandaron y tambien tuvimos tiempo de jugar entre nosotros y con los amigos que encontramos. Hubo tiempo de todo hasta la noche.

        ¿Qué os pareció ver tantos autobuses en el estacionamiento?

        Pello Mari.— Ni habíamos imaginado que habían tantos autobuses juntos en Euzkadi.

        Mikel.— Yo no sé contar tanto ni en erdera ni en euzkera.

        Jon Ander.— Eso de dirigir el tráfico debe ser muy emocionante. Esto ya me gustaría hacerlo alguna vez.

        ¿Creéis que un Partido Político es solo cosa de gente mayor?

        Xabier.— Bueno, algunas cosas serán solo para gente mayor, pero otras cosas son para nosotros... saber cosas de Euzkadi es para todos.

        ¿Y de que forma veis a Euzkadi vosotros?

        Xabier.— Bueno, Euzkadi somos nosotros... los que hablamos euskera, los que llevamos la ikurriña, a los que nos gusta bailar con el txistu.

        Jon Ander.— Si, algo así.

        Mikel.— Pero yo tengo un amigo que no es vasco y no se le nota nada que no es. Es igual que yo.

        Pello Mari.— Si... pero no habla euskera y no sabe quien fue Sabino Arana.

        ¿Y tú sabes quien fue Sabino Arana?

        Pello Mari.— Si. El fue como un gran guerrero de Euzkadi. Pero sin metralleta.

        ¿Querréis volver a otro Alderdi Eguna?

        Jon Ander.— ¡Claro que si! Estamos deseando.

 

Edades de los niños: Jon Ander: 12, Xabier: 11, Pello Mari: 8, Mikel: 5.

 

 

El hijo de Herri Batasuna

 

        Sus lacrimosos ojos claros, semivelados por los años, dejaron de mirar los surcos del arado, para elevarse a las cumbres de las lejanas montañas. Su rugosa mano se levantó hasta su cabeza para quitarse la vieja boina, desteñida por los años y secarse el sudor de su arrugada frente, para pasar a continuación a rascarse sus grises y ralos cabellos.

        La quietud del valle, sólo rota por el piar de algunos pajarillos y la vista del paisaje verde y montañoso, le hizo ensimismarse y retrotraer lejanos y cercanos recuerdos.

        Recuerdos de una guerra pasada y de hechos recientes. Una guerra en la que junto con otros, se vió sumergido sin buscarla. Una guerra que en plena juventud, le arrancó de su caserío, para ir voluntario a luchar por defender la tierra que ahora estaba pisando.

        Defendía a su familia, sí, pero sobre todo a su Patria encarnada en la tierra que en aquellos momentos araba. Su Patria se veía amenazada por hordas facciosas, desbocadas por la ira y el odio hacia todo lo vasco.

        Las tropas rebeldes habían entrado en Euzkadi; habían hollado a sangre y fuego una tierra pacífica y próspera, para ocuparla militarmente. Acaso la verdadera razón del levantamiento militar, se debía al temor de una próxima aprobación del Estatuto de Autonomía para el País Vasco? No sería la verdadera razón, el temor a perder la "sacrosanta" unidad española? Verían en la Autonomía la iniciación de un solapado separatismo que destrozaría la ya consolidada unidad de España? Nada menos que Cataluña y el País Vasco con su Autonomía. ¡¡Las únicas "regiones" industriales de España!! Las dos "regiones" capacitadas por su desarrollo para autogobernarse y quizá autodenominarse más tarde.

        En qué quedaría España, si ambas proclamasen más adelante su independencia?

        Para las mentes obcecadas con la unidad de lo que hasta entonces habían considerado perteneciente a España, era inconcebible, inimaginable todo aquello que de lejos les oliera a separatismo encubierto en Autonomías. La República era débil y le iba a conceder la Autonomía al Pueblo Vasco. Eso sólo, bastaba para colmar el vaso, después de lo de Cataluña. Más adelante sería Galicia y entonces, que quedaría de España? No sólo del trigo de Castilla viviría el español! Era imprescindible la industria textil y la siderúrgica!! En aquella época España era eminentemente agraria.

        La solución exigía una acción fuerte y violenta que derrumbase la República y suprimiera de raíz todo intento secesionista! En realidad les importaba un comino la quema de iglesias y la supresión del crucifijo en las escuelas. Su religión venía impuesta por un exacerbado y casi esquizofrénico deseo de mantener a toda costa incólume la unión de las "Provincias" que desde algo más de cien años, consideraban como parte integrante de la Nación Española. Su verdadera y única religión era el conjunto unitario de España. Ya lo había dicho Calvo Sotelo: "Prefiero antes un España roja, que rota". Todavía estaba cercana en la Historia la pérdida de Cuba y Filipinas. Aún dolían las heridas abiertas por su separación. Cómo pues, ahora, iban a consentir la pérdida de trozos geográficos de SU ESPAÑA?

        Así, se vió envuelto en una guerra que impuesta por la ceguera de su odio, entraba en su casa. La muerte y la desolación venían hacia él, hacia Euzkadi. Por la cercana carretera pasaban los refugiados guipuzcoanos, cargados con los pocos enseres que habían podido salvar, amontonados sobre el carro de bueyes. Atrás habían dejado su caserío, viejo hogar de sus mayores y las tierras que eran el sustento de sus familias.

        Era pues, preciso salir al paso de las hordas y detener su avance. Se ofreció voluntario. Fue al frente. Un frente que ni siquiera estaba delimitado por trincheras. Hizo guardias en campanarios y chabolas de pastores. Le cambiaron de frente varias veces. Aguantó el chaparrón de metralla en el Casino de Artxanda, aún cuando sabía que todo estaba perdido. Luchó con lágrimas de impotencia y rabia en el corazón. Las órdenes era: sostenerse, aguantar sea como sea. Y lo hacían con un atisbo de esperanza en ver aparecer la tan cacareada llegada de la aviación republicana, que con su ayuda harían retroceder hasta Burgos a las tropas italofranquistas. Pero la aviación republicana no llegó. La República nos había traicionado. Y se perdió todo. Una vez prisionero vinieron las sucesivas cárceles. Condenado a años de cárcel por el único delito de querer defender su propia tierra!!

        Pero aquello pasó. Volvió a su diario quehacer en el campo. Se casó un poco tarde y tuvo un hijo. Ya tenía 20 años. Se veía en él a sí mismo cuando tenía su edad. Pero su hijo no coincidía con sus ideas nacionalistas. Ultimamente pertenecía a H.B. Creía en el Socialismo, como otros muchos, sin tener ni la más mínima idea de lo que era éso.

        Pero ni la guerra, ni las penalidades en las cárceles, le mordieron tanto el corazón, como cuando vió a su hijo entre un grupo de insultantes de H.B. a su paso por el Arenal, el día del Aberri Eguna. Horrorizado vió como su hijo insultaba, llamando traidores y fascistas, a los viejos luchadores de los Batallones del Euzko Gudarostea.

        A duras penas podía creer lo que veía. Buscó con su mirada la de su hijo y una especie de telepatía hizo que éste dirigiera su vista hasta encontrarse con la de él. Bastó el choque de sus miradas para enmudecer al que hasta ese momento vociferaba con toda la saña de que es capaz la juventud inconsciente. Abrumado, abatido por el dolor, bajó la cabeza y dejó caer unas lágrimas de inmensa, inconmensurable pena, que corrieron por su cara y fueron a parar a sus labios dejándole un salobre sabor de amargura ante lo que estaba presenciando. ¡¡LLamar burgueses, fascista y traidores a quienes habían luchado por defender palmo a palmo con su sangre, el suelo donde ellos nacieron!! Insultar a los únicos que habían mantenido encendida la antorcha de la libertad y de la esperanza durante el largo eclipse de 40 años!

        Agobiado por la aflicción de ver a su hijo entre aquellas masas vocingleras que las lágrimas hacían borrosas, se retiró rápidamente.

        Hacía siete años que estaba viudo. Si ella hubiera vivido, quizá no habría pasado esto. El mismo, también se sentía culpable. Si le hubiera imbuido el sentimiento nacionalista, siempre vigente, de Sabino Arana, no habría recurrido a utópicas doctrinas marxistas, fracasadas en años de experiencias en otros países y desfasadas en el tiempo. Era lamentable, pero los hechos estaban a la vista. Su hijo era marxista antes que vasco. La congoja le embotaba los pensamientos. De quién era la culpa? De los libros? De los amigos? No lo sabía.

        Ya de regreso, en el caserío, se sentó frente a la lumbre y mirando las llamas sin verlas, esperó a su hijo. Se sentía destrozado por dentro. Horas más tarde entró el joven en la cocina. No le miró, ni le dirigió la palabra. A pesar de tener bien vivo el bochornoso espectáculo de horas antes, en el que tan activamente había participado su hijo, ninguna reconvención salió de sus labios. Su silencio y la triste mirada dirigida al fuego, era el más elocuente reproche.

        Repentinamiente, su hijo cayó de rodillas ante él ocultando la cara entre sus manos, con voz quebrada por los sollozos, sólo acertó a decir: Aita, parkatu, parkatu...

        Pasados unos segundos de emotiva sorpresa, las marchitas manos del anciano se posaron sobre los hombros del arrepentido y dulcemente la atrajo hacia sí, abrazándole fuerte, muy fuerte. Un abrazo de reconciliación y perdón.

 



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